BEATRIZ CORRAL VITORIA.05/08/2011
Las fiestas no han empezado con buen pie para más de 140 personas. Aunque el descenso de Celedón es por lo general sinónimo de jolgorio, alegría y diversión para miles de vitorianos, el gozo se vio ayer tarde truncado para los numerosos heridos que tuvieron que ser atendidos en los diversos puestos de emergencia ubicados en los aledaños del epicentro festivo: la plaza de la Virgen Blanca.
Como Urko, que poco antes de las cinco de la tarde entraba cojeando en el hospital de campaña de la plaza de España. Un profundo corte en el gemelo con afección al músculo hacía necesario su traslado al hospital Santiago, al igual que los otros dos producidos durante el txupinazo. En el caso de Sandra todo se quedó en un susto. «Es un golpe en el codo que ya traía mal de casa pero aún queda tarde por delante», aseguraba enfilando rumbo a la multitud.
Tampoco Xabi dio mayor importancia a su corte en el dedo. «Han tirado una botella, el cristal ha saltado y me ha dado». Su caso fue muy similar -salvo escasas lipotimias- a los otros cuarenta tratados en el recinto de Osakidetza, los trece del puesto de la DYA (en Mateo Moraza) y los 75 contabilizados en los dos de la Cruz Roja.
Ejemplo de Pamplona
En todos ellos coincidían en que el balance ha sido «muy similar al de otros años», si bien alertaban de un peligro creciente. «La gente está cogiendo la costumbre de tirar indiscriminadamente botellas al aire y muchos resultan heridos por el vidrio», denunciaba Lorena Sieira, coordinadora de la DYA. «En Pamplona este año cambiaban el vidrio por jarras de plástico y han reducido los cortes en casi un 80%», remitía el doctor Mariano González, coordinador desde hace doce años de los servicios de emergencia de Osakidetza, donde una decena de personas se afanaron para que los heridos puedan seguir disfrutando de la fiesta por todo lo alto.