N. ARTUNDO | VITORIA09/08/2009
La calle San Prudencio está casi vacía. Es la una de la tarde y un grupo de figuras vestidas de negro y amarillo, aunque sin uniformar, avanzan desde San Antonio. Pasito a la derecha, pasito a la izquierda. Tocan música y, al llegar a un banco, el del banjo se sube para hacer un solo, para sorpresa de una pareja que ocupaba el otro lado del asiento. Pronto, llegan a la plaza delArca.
Entonces, la figura que lleva un megáfono y un carrito anima a la gente a acercarse y saluda con un «buenos días». Busca que lo coree el público, que empieza a formar corro, y añade otros tópicos como «Oh When the Saints» o «ehhh Macarena».
La banda responde y sus componentes pronto se quedan como congelados en una foto viviente. Se han presentado como la Always Drinking Marching Band. «Venimos de Cataluña, pero somos buenas personas», suelta el frontman-clown.
Arrancan con un potente ‘Jungle Boogie’ de Kool and the Gang y enfilan pronto hacia Dato. La gente ya está enganchada. Pero pronto se producirá la explosión: un nutrido grupo de jóvenes llega corriendo de frente y se produce una colisión de espíritus festivos. Ante la tienda de un modisto gallego, los músicos acaban de toparse con uno de los mejores públicos posibles: chavalería ‘asilvestrada’ de un udaleku. El delirio.
Un nuevo corro, esta vez pegado a la banda, se convierte en el foco de entretenimiento más animado posible, mientras el grupo arremete con un poderoso ‘Hay Ya’ que pondría verdes de envidia a los Outkast. El ‘showman’ del megáfono se lanza sobre la multitud juvenil, que lo coge en volandas. ¡Toma ‘diving’! Y, enseguida, se oye amplificado «esto es una fiesta», para dar paso a una mezcla de pasodoble, aires ‘tarantinianos’ y ska que incorpora, –cómo no– un fragmento de ‘Paquito Chocolatero’.
Lágrimas de cerveza
Las bromas musicales incluyeron también números como ‘Te estoy amando locamente’ o el tema de ‘Star Wars’ que interpretó uno de los dos trompetistas que, junto a dos sólidos percusionistas a las cajas, otros dos saxos altos, un banjo de seis cuerdas, un saxo tenor, un helicón y un bombo integraban la formación. Su espectáculo incluyó una carrera callejera, una batuka –«no pares, sigue, sigue», «follow the elader» o «se la llevó el tiburón»– y un divertido número en la parte final, en torno a una molesta mosca. El incansable clown perseguía al imaginario insecto –cuyo vuelo doblaba un trompetista– y trataba de cazarlo, en plena Virgen Blanca.
La banda sonora iba desde el riff de ‘Papa Was a Rolling Stone’ hasta el ‘Amazing Grace’ para el supuesto funeral del díptero, por quien antes se habían vertido lágrimas de espuma de cerveza. Pero con unos boca a boca y desfibriladores se reanimó el presunto bicho.
Y pronto comenzaron a sonar el ‘No somos nada’ de La Polla o el ‘Sarri Sarri’ de Kortatu, en lo que fue una variada fiesta de calidad musical y risas. De hecho, el festival vitoriano de big bands ya se ha interesado en el grupo.