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Los que visten el asfalto

La Blanca 2010

Actualizado: 10:07

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Los que visten el asfalto

Pintores, estatuas humanas y malabaristas despliegan todo su arte durante los largos, intensos y populosos días de estas fiestas

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Los que visten el asfalto

Juan Zapata es un malabarista del balón.

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MARÍA ZABALETA08/08/2009

Son artistas de los pies a la cabeza. No llenan teatros, ni platós televisivos, ni salas de cine, pero no porque no puedan -que pueden y triunfan allá donde actúan- sino porque su arte es el arte de la calle. Y de la fiesta.

Vitoria no escapa a esta realidad. Cuando el furor festivo estalla cada 4 de agosto, la ciudad se llena de músicos, mimos, estatuas humanas, fakires e imitadores de la más diversa índole que despliegan sus más rocambolescas dotes artísticas durante los largos, intensos y populosos días de La Blanca. Desde la plaza de la Virgen Blanca y a lo largo de las calles Postas y Dato el espectáculo está garantizado. Aunque conseguir una butaca en palco preferente puede resultar complicado. Y es que son decenas las personas que se arremolinan alrededor de estas 'vedettes del asfalto' para practicar el tan saludable deporte del entretenimiento.

La tournée comienza con Juan Zapata -'el pelotero'- cuya destreza con el balón cosecha cada noche llenos absolutos. «Hago lo que más me gusta, puedo vivir dignamente y disfruto», arranca a contar. Hace diez años, este chileno abandonó su trabajo como operario en una empresa de bebidas para recorrer el mundo. Y España es escala obligada todos los veranos. El 1 de julio aterrizó en Madrid y, después de pisar el asfalto de Logroño, Santander y San Sebastián, desembarcó con Celedón en Vitoria. «Éste es el primer año que vengo por acá y de veras que son unas muy buenas fiestas. Con mucho público y bien considerado».

Todo es entusiasmo en este alegre chileno. Y contagia. La prueba más evidente se encuentra unos metros más adelante. Se llama Aníbal Silva, tiene 33 años y hace un mes y medio se enroló con su compatriota Juan en esa «apasionante aventura» de exhibirse en la calle.

Más flojo

«Nos conocimos en Santander. Yo trabajaba en la construcción pero en cuanto me dijo 'vente conmigo', no lo dudé». Y ahora se gana la vida como estatua humana. Da vida, más bien quietud, a un personaje de leyenda australiano encargado de guardar las montañas. Y está feliz. «Dedico unas once o doce horas diarias a trabajar y aunque hay muchos días que termino con unos dolores musculares terribles esto es lo que más me gusta».

Lo mismo le ocurre a Juan Villegas. Este artista ecuatoriano tiene un taller en Burgos, pero entre mayo y septiembre su «negocio» está en la calle. «Este año está siendo más flojo con esto de la crisis, que en cualquier caso es sobre todo psicológica. Porque a la gente no le cuesta gastar 10 euros en cervezas y sí en una caricatura».

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