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Madrugada gloriosa

La Blanca 2010

Actualizado: 10:07

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LA BLANCA

Madrugada gloriosa

El Rosario de la Aurora volvió a congregar a primera hora de la mañana a más de 30.000 fieles en una multitudinaria demostración de cariño a la patrona

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Madrugada gloriosa

La talla de la Virgen Blanca, escoltada por blusas, de camino a la escalinata de San Miguel. / JESÚS ANDRADE

ERIKA D. DE ARGANDOÑA06/08/2009

Estalló en aplausos. En cuanto la Virgen Blanca apareció en la plaza, que se extendía llena de devotos a los pies de San Miguel, la ovación fue unánime. Los blusas cumplieron su papel como escoltas de la imagen de la Virgen mientras que la Cofradía de la Virgen Blanca acompañó a Santo Domingo de Guzmán, inventor del Rosario.

Eran las ocho y ocho de la mañana cuando comenzó la misa de la Aurora, presidida por el obispo de Vitoria, Miguel Asurmendi. Flanqueado por blusas comenzó una eucaristía en la que el 'Agur Jaunak' sobrecogió a los asistentes y en la que se ofreció continuar con la Comunión en las parroquias de San Antonio y San Miguel, por la gran cantidad de gente que acudió.

Pero el día había comenzado una hora antes. A las siete en punto de la mañana la Virgen Blanca esperaba a sus fieles en la calle Mateo de Moraza. Poco a poco iban sumándose vitorianos de pro, que, como Ángeles, recordaba los muchos años que llevaba viendo a la «más guapa».

Recorrido abarrotado

El primer misterio glorioso comenzó y Ave María tras Ave María -son cinco misterios y cada uno comprende diez oraciones a la Virgen-, la comitiva llegó hasta San Vicente, momento en el que gran cantidad de gente se unió a la procesión. «Es la primera vez que vengo-señalaba Carlos-, pero ahora entiendo por qué es tan especial. Hay que venir para sentirlo», sentenció este joven madrugador.

Los transistores a pilas, que muchas mujeres portaban, servían para seguir el rosario hasta que se unían a la comitiva los altavoces preparados por la Cofradía de la Virgen Blanca. Incluso alguno más previsor se llevó los auriculares de casa para no perderse ningún detalle.

Los primeros ramos de flores de las cuadrillas y sociedades gastronómicas iban acumulándose en el paso de la Virgen según la imagen discurría por la calle de las Escuelas. Desde allí, por la plaza de Santa María atravesó el cantón a la sombra de la catedral -habitualmente cerrado por las obras-, para dirigirse a la calle Chiquita.

Carácter vitoriano

Cerradas al tráfico y a los que apuraban las últimas gotas de la jarana nocturna, el rosario más madrugador de las fiestas de la Blanca continuó su recorrido por las calles del Ensanche. Incluso algunos retrasados se unieron entonces a la comitiva.

Las calles Siervas de Jesús y Diputación fueron las siguientes en ser ocupadas. Más de 30.000 personas coparon la plaza de la Virgen Blanca para asistir a la misa, que no podía comenzar sin la protagonista.

Cuatro minutos y medio -segundo arriba o abajo- tuvo que esperar Santo Domingo a la Virgen Blanca. Con una organización exquisita entre cofradía y blusas, los txisularis entonaron el 'Ya vienen los blusas', que dio paso a la algarabía y júbilo general de los devotos. La patrona de los vitorianos fue recibida con aplausos y emoción para comenzar el día más grande.

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