ERIKA D. DE ARGANDOÑA | VITORIA05/08/2009
La talla esperaba en la calle Mateo de Moraza a las siete en punto de la mañana y partió hacia la Iglesia de San Vicente, donde la comitiva aumentó significativamente en número.
Ahuyentando a los últimos trasnochadores, la marcha discurrió por la calle de las Escuelas y plaza de Santa María para bajar a la calle Chiquita. Desde ahí, por Siervas de Jesús y Diputación llegó a la plaza de la Virgen Blanca, donde la el Rosario de la Aurora tocó a su fin para dar paso a la misa presidida por el obispo de Vitoria, Miguel Asurmendi.
Los apalusos y loas a la Virgen estallaron al paso de la imagen custodiada por los blusas de camino a las escalinatas de San Miguel.Un acto lleno de emoción que da comienzo, un año más, al día grande de Vitoria