
Txistus, trompetas y voces unidas en honor de la Virgen Blanca. / EDUARDO DE NO
«Todo perfecto». Con estas palabras definió ayer Ricardo Sáez de Heredia, abad de la Cofradía de la Virgen Blanca, el estreno de los auroros en Vitoria. El homenaje a la patrona de la ciudad fue «todo un éxito», por lo que los organizadores ya planean convertirlo en una tradición.
Amaneció nublado, las nubes desafiaban con dejar caer algunas gotas, pero no fue suficiente para disuadir a las cerca de trescientas personas que se congregaron en la hornacina de la Virgen Blanca, en San Miguel. A las nueve de la mañana comenzó el acto con un grupo de txistularis -más dos de trompetas-, que entonaron la primera aurora de Vitoria.
Desde la balconada la comitiva se desplazó por la calle Correría y las tres vecindades de la vía, presididas por las hornacinas y sus respectivas imágenes: Virgen Blanca, Virgen de la Vega y Santa Ana. Fueron honradas con cánticos hasta llegar al número 139. A esa altura, en la peña Los Álava, cesaron los cánticos. La razón, muy sencilla. La Asociación de Pasteleros de Álava ofreció un chocolate con cocochos a los participantes. Ya se sabe, oveja que bala, bocado que pierde.
Los auroros, formados por coralistas de siete agrupaciones alavesas, alcanzaron el pórtico de la catedral vieja y cantaron la Salve y el Himno a la Virgen Blanca.
Mejor todos juntos
Desde Santa María descendieron el cantón de San Marcos para, por la calle Cuchillería, recordar el trío de vecindades.San Antonio y la Casa del Cordón fueron las sedes de las cantatas antes de llegar de nuevo a la escalinata de San Miguel, donde los cánticos en honor a la patrona se retomaron. De vuelta al origen -eran casi las once de
la mañana-, más de seiscientas personas formaban el cortejo.
Esta iniciativa, nueva en Vitoria, ya se había desarrollado en otras poblaciones alavesas como Salvatierra - de donde Sáez de Heredia tomó la idea- y completa los actos festivos en conmemoración de la Virgen Blanca junto con la novena o el Rosario de la Aurora.
«Pese a ser el primer año, el entusiasmo y la participación han sido tan elevados que volveremos cada domingo anterior al 5 de agosto», prometió el abad. El buen sabor de boca tuvo como broche pinchos de tortilla regados con tintos de la Rioja Alavesa, que descubrieron las futuras intenciones de la Cofradía: «Intentaremos que en años posteriores todos los vitorianos canten juntos», anunció.
"Hemos ideado una fórmula 'absolutamente científica' para decidir, sin lugar a dudas, el concierto preferido de los vitorianos estas fiestas.