
Sólo unos pocos han aplaudido a los Reyes a su llegada al Bizkaia Arena.
Los Reyes de España, abucheados por parte de la grada, presidieron ayer el palco de honor de la final de la Copa disputada en un abarrotado Bizkaia Arena. Don Juan Carlos entregó el trofeo a Roger Grimau, capitán del Barcelona y puso así cofofón a un acontemiento deportivo histórico para Vizcaya. Nunca antes la Copa había tenido tal reclamo: 14.814 personas asistieron al partido, récord en la larga vida de este torneo. En la taquilla no quedó ninguna de las entradas que las aficiones de los equipos eliminados habían dejado libres. Fue una fiesta del baloncesto.
Cinco minutos antes de que el Bizkaia Arena asistiera a la versión original del gran derbi de la ACB, el Barça-Real Madrid, sonó una versión reducida del himno español. En sus primeros compases perdió la batalla contra la pitada de buena parte del público, formado en su mayoría por seguidores catalanes y vascos. «¡Fuera! ¡Fuera!». La megafonía, entonces, intensificó el volumen, pero tampoco se pudo escuchar con nitidez la música, así que enseguida concluyó. Apenas una treintena de segundos en total. El himno más breve. [VÍDEO]
Y cuando se terminó, cón él se fue el bullicio. De inmediato sonó una canción discotequera y la grada volvió a girarse hacia la cancha. Como si nada. El abucheo de muchos aficionados del Barça, el Bizkaia Bilbao Basket y el Caja Laboral estaba previsto en el programa. Formaba parte del decorado. Ya sucedió algo similar el año pasado en la final de Copa de fútbol entre el Athletic y el Barcelona.
Los Reyes, sonrientes
Una vez finalizado el himno, don Juan Carlos y doña Sofía, sonrientes y recién llegados de la pista de aterrizaje, saludaron a la multicolor grada, y se prepararon pasa asistir al partido. Junto a ellos se sentaron el lehendakari, Patxi López; el diputado general de Vizcaya, José Luis Bilbao; el alcalde de Bilbao, Iñaki Azkuna; el secretario de Estado para el Deporte, Jaime Lissavetzky; Eduardo Portela, presidente de la ACB; Alejandro Blanco, presidente del Comité Olímpico Español, y los presidentes del Barcelona, Joan Laporta, y el Real Madrid, Florentino Pérez. Tanto Laporta como Pérez habían coincidido media hora antes al borde la cancha. «Que se besen, que se besen», les rogó la afición. No llegaron a tanta intimidad. Se quedaron en un apretón de manos.
El ambiente de un partido de baloncesto es simpre denso, y más si se trata de una final. No hay límite para el volumen. Ayer se mezclaron en las gradas las voces del Madrid, el Barça, el Caja Laboral, el Bizkaia, el Valencia, el Estudiantes... Y cada uno a lo suyo. «¡Baskonia, Baskonia!», se escuchó sobre todo. Los alaveses animan a los suyos incluso en su ausencia. Inquebrantables. Y cuando notaron que el pabellón se enfriaba y que las hinchadas implicadas en la final, las del Madrid y el Barça, se callaban, les recriminaron su silencio: «¡No se os oye. No se os oye!».
Pese a ese tremendo nivel sonoro, el baloncesto no es un deporte demasiado abanderado. Aquí se gasta mucha menos tela en enseñas que en el fútbol. Durante el breve himno, el pabellón lució unas pocas ikurriñas, alguna bandera española y un nido de señeras catalanas. Incluso ondeó una tricolor republicana. Muchos colores y ningún problema. Sólo alguna frase que entra ya en el folclore de los derbis. Unos gritaban: «¡Puto Barça, puto Barça, eh!». Y otros respondían con el tópico: «¡Así, así, así gana el Madrid!». Había más gargantas de acento culé, aliñadas con un deje vitoriano.
El único incidente vino de donde menos se esperaba. En los descansos de la final, para amenizar a la grada, ingresan en la cancha varios aficionados que compiten desde la línea de tiros libres. En el último cuarto, le tocó turno a un hincha del Madrid, rapado y desafiante, que le sacó el dedo a todo el pabellón y se estrujó a gusto los testículos. La Ertzaintza tuvo que sacarlo de la pista. «¡Eso te pasa por hijo de...!», le coreó la hinchada del 'Baskonia', que ya mandaba en el Bizkaia Arena. «¡No sabéis perder, no sabéis perder!», le dedicaron a los madridistas. «¡Esos que se van de qué equipo son!», cantaron al ver que varios seguidores del Madrid abandonaban el BEC a siete minutos del final del partido, cuando su equipo perdía por veinte puntos.
No hubo más líos. Regresó la calma y hasta el buen humor, siempre en la voz 'baskonista': «¡Paga el abono, Juan Carlos, paga el abono!», vocearon mirando al palco. La final era ya del Barça. «Ooooooleeeeeeé», se divertían culés y vitorianos. Y sólo cuando se escuchaban gritos en favor del Bizkaia Bilbao Basket, la respuesta tenía ácido por parte de los alaveses: «Iros al fútbol, bilbaínos, iros al fútbol». El derbi del baloncesto español sonaba a derbi vasco. En lo que coincidieron todos fue en la ovación al ganador, al Barça, cuando el Rey, como había hecho en 2001, entregó su Copa al capitán azulgrana. Al vencedor de la edición más multitudinaria.