
Un aficionado del Bilbao Basket llora desconsoladamente en la grada tras confirmarse la derrota ante el Alba Berlín. / BORJA AGUDO
Hay momentos en los que el silencio es oro. Un bien impagable. Cada palabra duele. Escuece. Cada explicación significa volver sobre el camino recorrido para revivir lo que pudo ser y no fue. La final. La Euroliga. Quien más quien menos las acariciaba en sueños. Dulces, ayer rotos. Tan cerca, tan lejos. Los jugadores del Bilbao Basket levantaron la cabeza. Miraron el marcador. Adverso. Con el tiempo agotado. Hubiesen dado sangre por un segundo más. Por una milésima más. Pero así no funcionan las cosas. Dispusieron de cuarenta minutos para hacer historia y se estrellaron con la realidad. Como hombres. Como guerreros. Dieron la mano a los alemanes y aplaudieron a las gradas. Escucharon el eco. Lo agradecieron como nunca. Como siempre.
¿Qué iba a decir Fotis Katsikaris después de semejante varapalo? ¿Los Banic, Salgado, Mumbrú, Hervelle? Murmuraban tristeza, conscientes de lo que se había escapado. Lo sentían en la yema de los dedos... y la sensación se fue. Querían dar una explicación y lo hacían con el corazón roto, desangrado, como si lo hubiese partido un autobús. Lo hizo el Alba Berlín, el que iba de víctima, de tapado, para soltar el zarpazo y teñir de negro a los caballeros oscuros. El entrenador del Bizkaia encajó la derrota con toda la serenidad que pudo y pidió entereza. Ponerse de pie. «Tenemos que sufrir todos juntos para ser grandes algún día».
Katsikaris reconoció que el equipo acabó «muy triste» y agradeció al público el apoyo prestado y les hizo una promesa. Bonita. Reparadora. «Seremos más fuertes desde el lunes. Vamos a trabajar para entrar en los 'play-off' y daremos lo máximo para conseguirlo». El griego lamentó la falta de intensidad de sus hombres bajo su aro y localizó ahí las claves de la derrota. «No fuimos agresivos en defensa. Ese era el problema». Catalogó el choque de «duro» y constató que los jugadores del Alba «han sido más rápidos que nosotros». Luego se detuvo en los puntos encajados, «demasiados, casi 80», y se refirió a las palabras de Banic, que reconoció que los hombres de negro entraron en el duelo quizás pensando un poco más en la final que en los germanos. «Es normal. Somos un equipo joven y no es fácil controlar las emociones», acotó el heleno, que calificó al croata como uno de los jugadores «más importantes» que militan en el Bizkaia.
Falta de experiencia
Katsikaris definió al Alba como «un buen equipo, con más experiencia que nosotros en este tipo de partidos», aunque también alabó la calidad de los hombres que entrena. Confía en ellos. En todos ellos. El griego esperaba un choque físico y duro, pero lo que le rompió los esquemas fueron dos cosas puntuales: la permeabilidad defensiva y la falta de acierto desde el perímetro. «Acabamos con unos porcentajes muy malos desde la línea de tres». Cinco de veintitrés. Una calamidad.
Mantuvo el tipo el preparador heleno, aunque tampoco escondía el dolor. La decepción, aunque nada de actitudes derrotistas. Él prefiere canalizar la tristeza y volver a ponerse de pie. «El lunes seremos más fuertes», insistió. Ya no dio tiempo para más. De vuelta con sus hombres. Rotos. Dolidos. Pero orgullosos de haber mantenido la llama de la esperanza hasta el último instante. La misma que guiará a los caballeros ayer oscuros hacia los 'play-off' en la ACB. Seguro. Palabra de Fotis Katsikaris.
LOS PROTAGONISTAS
Marko Banic: «No hemos tenido ni ritmo ni nada. Ha sido un partido malísimo. Me duele por la afición, que ha estado maravillosa».
Álex Mumbrú: «Nos sabe muy mal la derrota por la afición. No ha podido ser. Nos ha podido la ansiedad pero hay que levantar la cabeza».
Janis Blums: «Ha sido un rival muy duro en defensa y ha estado mejor en ataque. Nos duele mucho por los seguidores».
Gorka Arrinda: «El partido se ha decantado en pequeños matices. Las finales se ganan así, perdiéndolas»