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Dos heridos, casi una matanza

Aste Nagusia 2011

Actualizado: 23:08

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Dos heridos, casi una matanza

El sexto toro de Puerto cornea a Iván Fandiño y a su peón Mario Romero

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Dos heridos, casi una matanza

Momento en que Iván Fandiño es corneado por el segundo de su lote. :: FOTOS: JORDI ALEMANY

BARQUERITO29/08/2010

El toro de menos volumen pero no menos cara de la corrida del Puerto de San Lorenzo fue el último. Cornipaso: más larga la cuerda de pitón a pitón que el ancho propio del toro. Se vivieron con él momentos durísimos. Fandiño se fue a esperarlo a porta gayola y se hincó de rodillas en la primera raya. El toro salió frío, distraído y tal vez deslumbrado, se fue al paso al cite y a Fandiño le costó volar de rodillas una larga cambiada porque el toro apenas hizo por el engaño.

Antes de cumplirse el lance se revolvió el toro y Fandiño tuvo que salir casi por pies y mal arropado en el capote. En el burladero más cercano a la puerta de toriles estaban dos banderilleros. El tercero de la cuadrilla, Mario Romero, salió a tiempo para quitar y cortar al toro cuando hacía hilo con Fandiño, pero no acertó a meterse a tiempo en la tronera. En la boca misma le pegó el toro dos cornadas secas y certeras, de las que los toros pegan de salida contra las tablas. No le dio tiempo a Romero ni a meterse en el callejón por su pie. Se lo llevaron a la enfermería.

Mientras bregaba en banderillas con el toro Roberto Jarocho, valioso y valeroso peón de brega, llegó la noticia de que Romero estaba herido de gravedad: dos cornadas en el muslo. Por una de ellas sangraba abundantemente. El toro resultó el más avieso de todos los vistos en Bilbao a lo largo de la semana: se escupió del caballo de pica, se quería huir sin fijarse. Jarocho logró sujetarlo con buenos capotazos. Pero el toro se metía a tablas y por debajo, estaba avisado y en cada movimiento parecía ganar sentido.

Procedía abreviar, pero Fandiño decidió ponerse, citar y estirarse como si el toro no estuviera pregonado. Dos veces, y en dos viajes por la mano derecha, el toro le buscó a Fandiño el vientre, las piernas y el brazo, como si quisiera desarmarlo. El tercer aviso del toro se resolvió con una cogida ya cantada: una voltereta formidable, el pitón se metió entre la banda y la costura de la taleguilla y, se supo luego, le atravesó la pierna al torero de Orduña. En la enfemería ya estaba siendo intervenido su tercero. La gente, con el corazón en un puño porque los dos percances dieron impresión de ser graves. Nadie recordaba que un mismo toro hubiera herido en Bilbao a dos toreros en un solo turno. Ponce salió a terminar y abreviar. Lo hizo con un breve macheteo de calidad. Estuvo rápido con la espada. Fue un alivio tras escenas tan dramáticas.

La corrida había empezado con el pie izquierdo. Poco después del sorteo de mediodía, Miguel Ángel Perera se cayó del cartel por fuerza mayor. Con dolores agudos en la columna, resentido de un percance sufrido en San Sebastián la pasada semana, Perera tuvo que ser atendido de urgencia. En el reconocimiento se detectó el aplastamiento de una vértebra. Se prescribió reposo absoluto. A la hora de comer, Perera supo que tenía que cortar temporada. Diego Urdiales estaba en su casa de Arnedo cuando a las tres de la tarde le llamaron para venir a Bilbao -dos horas de camino- a sustituir a Perera. Con sólo un banderillero llegó Diego a tiempo a Vista Alegre. Y casi a la hora del paseo. Se tuvo que vestir de torero en la enfermería, que tan poblada iba a estar después. Se dio el festejo con siete banderilleros y cuatro picadores.

La corrida, de desiguales hechuras y regular condición, trajo un toro de gran estilo, noble, pronto y alegre: el cuarto. Ponce se templó con él en una faena segura, sencilla y templada, bien ligada por la mano derecha pero no por la izquierda, adornada con una deslumbrante tanda de tres circulares empalmados con uno de pecho, salpicada de gestos y paseos y, por tanto, con su teatralidad. El postre fueron cinco por abajo genuflexos de mayor cuantía. Pero a Ponce le costó igualar, se pasó de tiempo, perdonaron un aviso y la espada entró desprendida y caería ladeada porque el toro tardó en doblar. Se pidió una segunda oreja. Ni la espada ni el toreo de capa sumaron.

Traza monstruosa

Hubo dos toros, tercero y quinto, de traza monstruosa: por lo grandes. Los dos pasaron de sobra los 600 kilos y seguramente el que anota los pesos se apiadó de los toreros y rebajó la cifra. El tercero, andarín y mirón, incierto, probón y reservón, hizo sufrir a Fandiño. Con el quinto, y en una especie de combate entre hombre y bestia, Urdiales se jugó tan ricamente el tipo. Sin pestañear. Llegó a pasarse por la faja aquella mole inmensa y tan armada. Desigual pelea porque el toro hizo regates, embistió trompicándose y llegó a empalar a Diego en un viaje con uno de los garfios. La muerte fue difícil: media delantera, un pinchazo, otra media, tres descabellos. Llegaron a sonar dos avisos. Pero, tras el arrastre del toro, sacaron a Diego a saludar.

Protagonista de un quite providencial fue un mozo de espadas llamado Lucio, que vive y trabaja en el sudoeste galo y hace las veces de agente de los toreros españoles que torean en la zona porque habla el francés perfectamente. Este Lucio, caballeroso y educado, estaba trabajando de ayuda de Ponce en la corrida cuando el primero de la tarde hizo a la salida de un par de banderillas por el tercero de la cuadrilla, el menor de los hermanos Tejero, José María, que perdió pie y cayó inerme casi bajo el estribo. Cuando el toro iba a hacer presa con él, Lucio sacó medio capote por encima de la barrera y evitó lo que pudo haber sido una cornada fatal. Los días de luna llena, dicen, propician percances porque los toros se agitan. El paseíllo se hizo esta vez sin música y se guardó un minuto de silencio en honor de Manuel Rodríguez 'Manolete', muerto un 28 de agosto en Linares por un toro de Miura. Hace 63 años.

El toro del quite de Lucio salió manejable y Ponce lo manejó con soltura, a tramos. Cuando se enfadó con él, le sacó una tanda emocionante porque parecía no quererla el toro. Y sí la quería. Dos pinchazos, una estocada, un aviso, un descabello. El segundo se derrumbó y revolcó en la arena. Todo un desperfecto. Urdiales anduvo compuesto, paciente y sereno. Media estocada, tres descabellos.

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