LUIS GÓMEZ | BILBAO29/08/2010
Tras cinco años sin subirse a las tablas, lo de Amparo Larrañaga es un misterio. Todos los periodistas fueron como moscas hacia ella para entrevistarla en lugar de a José Luis Gil, uno de los fenómenos televisivos del momento por su papel en 'La que se avecina'. ¿Por qué? «Por ser mujer», zanja.
-Con su regreso a los escenarios, ¿vuelve a esfumarse su sueño de trabajar cada vez menos?
-Hombre, la verdad es que me he pasado cinco años viviendo estupendamente. He hecho una temporada de una serie que me llevó cinco meses y dos de MIR. El resto he estado tocándome las narices y viendo crecer a mi lado a mi hijo pequeño. Dije: 'voy a parar, a renovarme y a limpiarme un poco'.
-¡Qué lujo poder holgazanear, que es lo que más le gusta!
-Maravilloso. Qué suerte ocuparte de la ropa del 'cole', de si el niño... y qué bonito volver otra vez.
-Regresa, pero ¿se la esperaba?
-¿Aquí? ¡Muchísimo! No tanto en Madrid. Entre que todo se diluye y te olvidan por gente más joven...
-Recibió en su día las peores críticas de su vida en Bilbao. ¿Le tiemblan las canillas?
-El actor debe asumirlas. Si no nos critican, ya es la leche. La profesión bonita sería perfecta. Yo he tenido críticas terribles y buenísimas. Me divierte contar algunas.
-Suéltese.
-Hice un musical y Haro Tecglen dijo: «Amparito Larrañaga está muy mona, y calladita estaría más mona todavía».
-Qué bueno, con perdón.
-Joder, es gracioso contarlo porque tenía 20 años. La obra era 'La diosa del diablo' y el título de la crítica era 'Ni diosa ni diablo'. Ni nada.
-¡Qué triste!
-Pero a eso hay que darle la vuelta inmediatamente y reírte. Nadie se acuerda de las críticas. Sólo los actores. Si no las contamos nosotros...
-Antonio Gala le escribió en su día 'Los bellos durmientes'. ¿Sigue ejerciendo de musa?
-Ese romanticismo se ha acabado.
-¿Resultaba fácil de domar?
-Yo nunca he sido fácil de domar, en ningún sentido.
-Irónica, fuerte y borde. ¿Hacer de una misma es lo más difícil?
-Vamos a ver. La gente cree que eres los personajes que haces. Yo soy una persona profundamente educada y no muy accesible que siempre ha deseado conservar parte de su vida privada muy en secreto y misteriosa; lo que no quiere decir que ladre por la calle. Pero el cariño, el amor... esas cosas se las guardo para la gente que se las tengo que guardar. Tampoco entiendo a quienes te reconocen en la calle y te cogen con unas confianzas.... Yo no soy así. Si eso es ser borde, es posible.
-Vamos con otra de tópicos. Almodóvar le llamó una vez y no le cogió. ¿Siguen sin gustarse?
-No hice la película, pero llamó. Y a mí eso ya me vale.
-¿Le siguen pareciendo patéticas sus mujeres?
-¡Nooo! De sus 'pelis' podrás decir lo que sea, pero gilipollas no es. Todos los mejores actores pasan por ahí. No contrata a una payasa que pasa por la calle o es graciosa en un programa de televisión. Refleja cosas patéticas a través de la comedia y situaciones emocionales.
-Nieta, hija, sobrina, hermana y cuñada de actores, ¿finge o actúa?
-En la vida intento fingir y actuar lo menos posible. Lo que me exigen los demás, vamos. En el escenario, ya actúo.
-¿Las sagas también están para romperse?
-Por supuesto. La cuestión es quién va a romper la mía.
-¿Quién?
-Podría ser fácil ahora porque tengo un hijo y un sobrino que no se van a dedicar, pero hay otro sobrino que sí apunta. Y queda la incógnita, que es mi segundo hijo y mi hermana pequeña, de dos años.
-Amante del boxeo, ¿qué tal encaja los golpes?
-Muy bien. Es lo primero que aprendí en la vida.
-¿Se preparó de pequeña matando a bofetadas a sus hermanos?
-Por supuesto. ¿Sabe lo que era ver a una chica pequeñita y frágil como yo rodeada de chicos? Mi madre siempre recuerda vernos salir de un ascensor, yo en medio de Pedro y Luis, y hacer 'pa, pa', una bofetada a cada uno, y para adelante.
-Violenta la chavala.
-Tenía que defenderme de ellos.
-A quién pegaba más, ¿a Pedro o a Luis?
-A los dos por igual. Las muñecas no han tenido lugar en mi vida. Y eso que son tan buenos... Caco, el mayor, no. ¡Era malísimo! Pedro y Luis eran, Dios mío de mi vida, dos pedazos de pan. Cada uno muy artista. Además, enseguida se nos vio.
-Ya se ve, ya se ve.
-La pasión de Pedro era contar billetes.
-Así ha salido.
-¡Era empresario desde niño! Su fiesta era ir con mi 'tata' a hacer las gestiones de los bancos. Disfrutaba cuando mis padres venían con la taquilla y había que ingresar el dinero. Aprendió a leer y a sumar solo. Le gustaban los bancos y a Luis y a mí, vivir. Éramos artistas. Bailábamos, montábamos obras de teatro...
-¿Sigue teniendo en su vida otras cosas por encima del amor?
-No hay nada posible sin amor. Todo está ahí: la amistad, el trabajo... El amor personal va y viene. Ha habido épocas en que he podido vivir sin él. Por circunstancias muy concretas, crié a un hijo, el mayor, y estuve viviendo sola con él sin tener mis historias. El amor de ese hijo era más importante que el personal que pudiera vivir.
La pasta
-¿Sigue siendo complicado mantener una relación con usted?
-Cada vez menos. Teniendo en cuenta que soy una mujer bastante independiente y que da independencia, la convivencia conmigo en absoluto es difícil y complicada.
-Dueños del Teatro Maravillas y produciendo sus obras, ¿los Larrañaga-Merlo son los grandes capos de la escena española?
-Tenemos una suerte que otros empresarios no tienen. Copamos un mercado porque en un momento dado Pedro puede tener a Maribel (Verdú) en una compañía, a mí en otra, y a Luis en otra distinta.
-Reacia a hacer castings, ¿es la mejor formar de que no le den un portazo en su nariz retocada?
-Hay gente profesional de eso. Yo me pongo rara, difícil... Lo hago tan mal que dejé de hacerlo.
-¿La Laura de 'Periodistas' y la Sonia de 'MIR' olfatean la carroña entre la profesión periodística?
-Me interesa el periodismo de investigación y el que contrasta las noticias. Me da igual el del terrorismo de las emociones. Que cada uno haga lo que quiera, pero yo no quiero estar ahí. Claro que hueles la carroña, pero, ojo, la hay en todas partes: en los médicos, periodistas...
-A la prensa rosa, ¿ni agua?
-He convivido muy bien con ella hasta un momento dado.
-Debutó a los 15 años, se casó a los 16, se estrenó como madre a los 20... ¿Nunca se atreve a ir despacio?
-Voy lo despacio que me permite el momento. Pero, ¿qué es ir despacio? He vivido intensamente. -¿Para qué le corren las prisas?
-Para nada. Ahora estoy enormemente tranquila con todo.
-Con teatro y compañía propia, igual que su abuela, ¿sólo le falta su glamour y su propio vagón de tren para viajar por España?
-Sólo me falta vivir la época que ella vivió, poseer su talento y ser lo guapísima que era ella.
-Anunciando un famoso colutorio, resulta de lo más higiénica.
-Hombre, y tanto; y además da mucha pasta.
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