EFE | BILBAO28/08/2010
Enrique Ponce dictó hoy en Bilbao una lección magistral al cortar una oreja de mucho peso a su segundo toro, mientras que Iván Fandiño y su banderillero Mario Romero protagonizaron la otra cara de la tarde, al caer heridos ambos en el mismo toro, el sexto. Corrida con olor a cloroformo, como antiguamente se decía, por las dificultades de los toros. Corrida, además, muy astifina. En cierto modo fue un alivio que la mayoría de los toros empujaran poco.
Aún así pasaron un trago gordo los toreros. Y al final se consumó la tragedia. En un descuido cuando citaba en la tronera del burladero cayó primero el banderillero Mario Romero, y más adelante fue su jefe de filas Iván Fandiño quién resultaría alcanzado por el mismo toro. Dos impresionantes percances, percibiéndose enseguida que los dos iban heridos.Esa hubiera sido la historia de la tarde si no es porque con el toro más potable Ponce dictó una magistral lección.
El de Chiva, que celebraba su cincuenta paseíllo en esta plaza, quiso hacerlo a lo grande. La suerte de que fue a parar a sus manos el toro con más opciones del envío, el único que realmente "se dejó", el cuarto. Pues hay que insistir una vez más en los problemas de la corrida. El mismo Ponce no pudo con el primero si no "taparse" echando mano de una buena técnica. Un toro mansón, que se quedaba corto, y que le obligó también a tomar precauciones. Ponce nunca pasó del pitón de acá.
El cuarto, ya está dicho, fue la excepción, porque humilló y desplazándose largo. No fue, sin embargo, toro completo dado su mal estilo también en el caballo, "acostado" sobre el peto y empujando con un solo pitón en los dos encuentros. Pero fue franco en la muleta, y Ponce lo toreó a placer. Desde las mismas probaturas lo llevó muy "cosido" a los vuelos del engaño. Y sin molestarle. El toreo a derechas fue un primor. Exactamente tres tandas por ese lado de categoría por la suavidad, el temple y el buen gusto.
Antes de cambiar al otro pitón, una trinchera y un cambio por delante encadenados al primer natural, en el que el toro pareció protestar queriendo romper el ritmo, algo descompuesto. Mas Ponce lo desengañó enseguida, obligándole a ir por donde no quería. Y con una estética resplandeciente. La plaza se venía abajo por tanta belleza, dulzura y armonía torera. Todavía el frenesí de dos "poncinas", ese muletazo desde atrás en postura semigenuflexa, trayéndose al toro imantado desde muy lejos para llevarlo hasta muy lejos. Muletazos por abajo ya en fin de fiesta total. El abaniqueo como colofón y la estocada.
¿Que cayó un pelín desprendida la espada? A la gente no le importó. Pocas veces se habrá pedido el doble trofeo con tanta fuerza en Bilbao. Pero el presidente dijo que no, que sólo una oreja. Se multiplicó el clamor. La vuelta el ruedo de Ponce, inenarrable por lo ceremonial y la pasión por parte de todos, del público y del propio torero. Urdiales salió indemne del trance, y ese fue su triunfo. Con su flojo y desrazado primero toreó con cierta despaciosidad, pero la misma falta de celo del toro le quitó importancia al trasteo.
En el quinto, que embistió descompuesto, rebrincado y con malas ideas, puso mucha voluntad, pero de nuevo sin alcanzar mayor relieve. El primero de Fandiño fue bruto y distraído, pensándoselo mucho, probón y con la cara arriba, poniéndose por delante. Un "regalo". Menos mal que tanta guasa se vio amortiguada por la misma falta de fuerzas del animal. El sexto fue el de las cornadas tanto a Fandiño como a su banderillero. Toro que se quedaba debajo y "metiéndose" por los dos pitones. Se empeñó en darle pases, cuando lo que procedía era una lidia sobre las piernas. Claro que en la situación de Fandiño ésa no hubiera sido la salida más airosa. Y a la segunda tanda por la derecha llegó lo irremediable, la cornada.
FICHA:
Toros del Puerto de San Lorenzo, grandes y desiguales de presencia, bajos de raza, justos de fuerzas y de poco juego. Se salvó el cuarto, con mejor tranco. Tercero, quinto y sexto, muy complicados. Distraído el primero y aplomado el segundo.
Enrique Ponce: dos pinchazos, estocada y descabello (ovación tras aviso); y estocada desprendida (aviso y oreja con fuerte petición de la segunda).
Diego Urdiales: media y tres descabellos (ovación); y media perpendicular, pinchazo, otra media perpendicular y delantera, y tres descabellos (ovación tras dos avisos).
Iván Fandiño: seis pinchazos y descabello (silencio); y cogido por el sexto en la muleta, lo mató Ponce de pinchazo hondo y descabello (silencio).
En cuadrillas, saludaron Roberto Martín 'Jarocho' y Mario Romero en el tercero.
En la enfermería fueron operados Mario Romero de "dos cornadas: una por encima de la rodilla y otra en la zona inguinal" e Iván Fandiño de "cornada en el tercio superior cara interna del muslo derecho". Ambos percances de pronóstico "grave".
Paseíllo sin música y un minuto de silencio antes de romper filas las cuadrillas para recordar la muerte de 'Manolete' hace 63 en Linares. La plaza tuvo algo más de media entrada en tarde de nubes y claros, con rachas de viento progresivamente frío.
Todos los conciertos, horarios y lugares. Dani Martín, Ken Zazpi, Sergio Dalma, Merche o Malú.
Las obras de teatro de la Semana Grande en el Palacio Euskalduna, Teatro Campos, Arriaga y teatro de calle
Corridas durante la Aste Nagusia. José María Manzanares, El Juli o Enrique Ponce
Las Pirotecnias de cada noche en la Aste Nagusia bilbaína. Los fuegos de exhibición y los fuegos artificiales de concurso