
Las barracas han transformado el perfil del parque./ F. G.
Bilbao estaba ayer dándole las últimas puntadas a su traje de fiesta. En las principales zonas donde se desarrollará la Aste Nagusia -El Arenal, la Plaza Nueva, Botica Vieja-, la 'transformación' casi se había completado. Las txosnas y los escenarios que acogerán conciertos, que hasta hace nada no eran más que unas fantasmales osamentas metálicas, ya habían tomado cuerpo. Entre martillazos, chisporroteos de altavoces sometidos a pruebas y entrechocar de bidones de cerveza que empezaban a almacenarse, la banda sonora de la Semana Grande -que arranca mucho antes del txupinazo con su ruidoso catálogo de preparativos- empezaba a sonar cada vez más fuerte.
El tiempo apremia y mañana tiene que estar todo a punto para que la villa se sumerja en nueve jornadas de frenesí, con 36 txosnas repartidas por la ciudad -en total, una gigantesca barra de bar de unos 500 metros al aire libre- y más de 300 actos programados, de los que casi un tercio son actuaciones musicales. Y, claro, hacer hueco a todas estas actividades requiere un arreón colosal en las horas previas al arranque festivo.
En Botica Vieja, el escenario para conciertos estaba ya levantado y varios operarios, encaramados a una considerable altura -la estructura parece una catedral-, se afanaban en la cubierta bajo un sol de justicia. A lo lejos, grupos de curiosos seguían la evolución del montaje. Asimismo, en la Plaza Nueva, el escenario para actuaciones -éste ya de dimensiones más moderadas y casi terminado- centraba la atención de la gente sentada en las terrazas.
Encantados con el frenesí del montaje festivo, Juventino, de 82 años, y Justo, de 90, paseaban por El Arenal revisando la marcha de las txosnas con ojo crítico. A cierta edad, pocas cosas gustan más que ver trabajar a otros. Es uno de los pocos placeres que se perfeccionan con los años. «Venimos a mirar ahora. Pero una vez que empiezan las fiestas, ni pasamos por aquí. ¡Si nos vamos a casa a las siete de la tarde, como las gallinas! Más tarde, esto se convierte en una escuela de borrachos», comentaban. Desde luego, no hay que subestimar el atractivo de una txosna a medio montar: cada uno las disfruta como quiere. De hecho, una pareja de Barakaldo, Ainhoa y Arturo, se maravillaban de otra cosa bastante insólita: los baños, recién instalados, estaban limpios como los chorros del oro. «Es una ocasión única... ¡Y pensar en cómo van a acabar», bromeaban.
Cerca de ellos, en la txosna Sinkuartel, dos chicas pintaban subidas a unas escaleras, mientras otros compañeros se peleaban con unas herramientas. «Llevamos una semana trabajando sin parar, unas diez horas diarias. Ahora nos falta que vaya llegando el suministro de bebidas, que para el primer fin de semana tiene que ser muy potente. El año pasado gastamos en la primera noche 2.000 litros de cerveza», comenta uno de los integrantes de la comparsa.
En Algara, al otro lado de la ría, también iban a la carrera. «Lo llevamos bien, son tantos años que cada vez nos pilla menos el toro», destacaba muy orgulloso Ramón, que mostraba unos tanques enormes, con 1.000 litros de cerveza cada uno, que ya esperaban en el interior de la estructura. Dado el género que han pedido para el arranque de Aste Nagusia, no esperan que la crisis se vuelva contra los 'katxis'. «No, la bebida y los bocatas son asequibles. Además, en fiestas la gente no se fija en eso, salir y tomar algo es una cosa cultural», añade confiado.
Pedigüeños y mormones
Los que no están dispuestos a rascarse el bolsillo, con recesión o sin ella, son algunos visitantes -pies negros y otros de tribus inclasificables- que han empezado a tomar posiciones. Uno, que leía el periódico en un banco junto a su perro, ya había colocado a su lado diferentes carteles en los que pedía «para vino», «para cerveza», «para resaca», «para whisky».... «No engaño», rezaba en otro, todo sinceridad. De momento, no parecía tener demasiada suerte con sus peticiones. Quizá se ha adelantado un poco.
Junto a él, dos jovencitos mormones -atléticos, impolutos con sus camisitas blancas y sus mochilas- quedaban un poco extraños en un ambiente que es una promesa de desenfreno y excesos festivos. ¿Habrán venido con intención de evangelizar Bilbao en plena Aste Nagusia? Lo que van a sufrir.
s.vazquez@diario-elcorreo.com
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